Como es usual en nuestras labores cotidianas estar cerca los libros físicos, el día de ayer rebuscamos los libros más antiguos que poseía nuestra pequeña biblioteca familiar, y allí encontramos dos volúmenes viejos que conservamos, se trata de dos diccionarios del idioma español, uno pequeño y otro voluminoso, el primero fue impreso el año 1939 en Argentina (85 años) y el otro el año 1952 en Francia (74 años).
Al mirar sus folios podemos comprobar que nuestros padres lo usaron con intensidad para mejorar su lenguaje verbal y escrito, por eso se ven gastados. Lo bueno del hallazgo es saber que los libros impresos en papel tienen su belleza natural más una función efectiva y duradera, que no tienen ni tendrán otros medios.
Las dos piezas impresas lo vamos a restaurar para que sigan siendo joyas escritas admirables del saber y del buen lenguaje.